Blog

AMARSE

Por Lorena Guadalupe Hernández Pérez

lorenahernandez@funeraleshernandez.com

@LoreGuadalupe

 

Hoy hablaré sobre el amor propio y la autoestima. Para hacerlo, me gustaría contarles antes una pequeña historia.

 

Hace algunos años, cuando me divorcié, en medio de la crisis emocional en la que estaba, me embotaba en el trabajo por el día, y lloraba amargamente por las noches.  Pensaba entonces que no me quería a mí misma.  Estaba muy enojada por haber fallado en la encomienda de formar una familia y me molestaba haber perdido al hombre que alguna vez consideré como “el hombre de mi vida”.

 

En medio de esta crisis mis defensas se fueron al suelo y me enferme y debilité significativamente.  Curiosamente, fue uno de los medicamentos que me recetó el doctor, lo que me llevó a darme cuenta de que no había dejado de quererme y que solamente estaba muy dolida para comprender que el único ser indispensable en mi vida era yo misma.

 

El medicamento recetado tenía que ser inyectado usando una aguja como la que se usa para inyectar insulina, de apenas 8 mm de largo.  El médico me recomendó que yo misma lo aplicara en el dorso de mi pierna.   Cuando tenía la jeringa en la mano, tarde más de media hora en colocarme la eritropoyetina pues me daba un poco de miedo el dolor que la pequeñísima aguja pudiera causarme.  Acto seguido, reconocí que ese miedo a lastimarme era una pequeña prueba de que en mí, aún había un gran amor a mi persona y a mi cuerpo y que solo era cuestión de tiempo reconstruir a este ser, yo misma, que me necesitaba tanto.

 

Relato esta experiencia personal porque muchas veces, cuando la vida parece no sonreírnos, nos dejamos engañar y pensamos que no nos queremos a nosotros mismos.  Sin embargo, no importa que tan lastimados, cansados o dolidos nos encontremos, siempre hay una dosis de amor hacía nosotros y es cuestión de despertar a la realidad para recuperar la autoestima necesaria para continuar en esta vida y sobre todo para continuar bien.

 

Quizá lo primero sería en este camino de amarse completamente, el conocernos a nosotros mismos y saber quiénes somos.   La misma Biblia señala que solo se puede amar lo que se conoce.  Ocupémonos entonces  de conocernos.  De saber quiénes somos y que queremos.

 

Un buen inicio sería colocarse frente al espejo y reconocer tu rostro primero y después tu cuerpo entero.  Observar su contorno, el tono de la piel, el brillo de los ojos.  Observándolo  detenidamente verás que es hermoso incluso con sus imperfecciones.  Si no lo alcanzas a ver la primera vez, vuelve a verlo la mañana siguiente y la que sigue.  Prueba a sonreírte y date cuenta como se suavizan las facciones de tu rostro.  En lugar de criticar lo que consideras como una falla, alaba las cualidades que hay en ti.   Juega a decirte que eres hermoso o hermosa.  Sorpréndete como cada vez que te dices bello(a)  tu espalda se endereza y el brillo de tus ojos aumenta y date cuenta que en poco tiempo, lo que empezó como un juego ahora es una realidad y puedes ver la belleza en ti.

 

Y qué tal si intentas conocer tu interior.  Tus pensamientos, tus ideas, tus aspiraciones y deseos.  Date tiempo de saber quién eres y de amar ese que eres.  Date permiso de tener buenos y malos pensamientos, date permiso de cometer algunos errores y felicítate por todos tus aciertos.  Deja de criticarte y  aprende a elogiarte.  Date cuenta de tus alcances y conoce tus limitaciones, sabiendo que si lo intentas, puedes hacer cada vez más grande el círculo de tus alcances y más pequeño el de tus limitaciones.

 

Evita a toda costa basar tu felicidad o tu tristeza en la felicidad o tristeza de otros, o en si alguien te quiere o no.  Y mira que a pesar de mi historia aún sigo creyendo en el amor y la pareja, pero siempre y cuando este amor se ejerza en libertad.  Como diría Jorge Buckay, “Si haz de depender de alguien, que sea de ti mismo”.

 

Al hablar de un amor libre, no me refiero a un amor fuera del matrimonio o algo así, me refiero más bien a un amor en donde se ejerza la libertad de ambos.  Virginia Satir escribió Las Cinco Libertades,

 

1. La libertad de ver y oír lo que hay, en lugar de esperar lo que debería ser, lo que era, o lo que será.

2. La libertad de decir lo que siento y pienso, en lugar de decir lo que pienso que debería decir.

3. La libertad de sentir lo que siento, en lugar de sentir lo que creo que debería sentir.

4. La libertad de pedir lo que quiero, en lugar de esperar el consentimiento ajeno.

5. La libertad de correr mis propios riesgos, en lugar de conformarme con la seguridad.

 

Es solo cuando eres libre, cuando puedes crecer sin límites, cuando puedes dar lo mejor de ti a los demás.  Cuando quieres ser como crees que otros quieren que seas, entonces te pierdes a ti mismo y el resultado es una caricatura mal hecha de tu persona.  Cuando eres tu en realidad, tu belleza surge e inunda el ambiente.

 

Aprende entonces a ser tu mismo(a) y a disfrutar de tu propia compañía.  A amarse todo(a) a amarse siempre.

sin Comentario

42

Condolencias Y Comentarios