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Día de muertos: mi petición de que vuelvas.

Por Lorena Guadalupe Hernández  Pérez

aftercare@funeraleshernandez.com

@LoreGuadalupe

 

México tiene una manera particular y única de recordar a sus muertos y por eso les dedica un día especial al año en donde se olvida del dolor de su ausencia y viste a la muerte de color, de sabor y de aromas.

 

Ayer fue día 2 de Noviembre y como todos los años, en nuestro México, los panteones se llenaron de color y de aromas con las miles de flores que adornan las tumbas de quienes nos antecedieron en su partida de este mundo.  Conjuntos de músicos recorrieron los pasillos del cementerio cantando aquella, la canción preferida del papá, del esposo, de la hermana o de la abuela, todo para homenajearlos en su día, el día de muertos.  Cultos religiosos también se ofrecieron por el descanso de sus almas en los cementerios y mausoleos de la ciudad.  Todos, de una u otra manera estuvimos recordándoles y añorando su presencia entre nosotros.

 

Un componente importante y único en esta celebración es el altar de muertos.   Surgido de la mezcla de las culturas prehispánicas y la llegada del catolicismo a nuestro mundo.   Es un espacio que se arregla con la esperanza de que las almas de quienes amamos y murieron vengan a visitarnos este día y se sientan acogidos por las ofrendas que en él se colocan.

 

El altar puede ser de dos, tres o siete niveles, dependiendo del espacio, inspiración y presupuesto de quienes lo arreglan.  Estos niveles representan el camino que las almas habrán de seguir para bajar a visitarnos y de regreso hasta que alcancen el cielo, donde descansarán en paz.

 

Los elementos contenidos en el altar tienen un significado especial y deben llevar un orden para que sea más fácil la venida de nuestros seres queridos.  Entre los objetos clásicos que se colocan están: La imagen del difunto a quien se dedica el altar; una cruz y la imagen de un santo o de la virgen; incienso y copal para limpiar las energías del lugar; velas, veladoras y cirios que proporcionarán la luz necesaria para que las almas no se pierdan al venir; un vaso con agua, que además de reflejar la pureza del alma, mitigará la sed de los espíritus que vengan; un plato con sal; flores de cempasúchil para deleite y guía de los visitantes,  calaveras adornadas de colores que pueden ser de azúcar, barro, cerámica o papel; la comida predilecta del difunto y la bebida que disfrutaba tomar; pan de muerto adornado con pequeñas formas de huesos, papel picado multicolores para adornar el espacio y por supuesto, sus objetos predilectos.

 

El elemento más importante y el que esta descrito en cada uno de los componentes del altar, es el amor de quienes lo colocan.  Sin este elemento seguramente no habría alma que quisiera bajar a saludarnos.  Es el amor el que hace que esta invitación a los muertos tenga un sentido real, es la petición al ser querido de que vuelva.

 

Los mexicanos borramos el dolor de la muerte pintándola de colores, esquivamos el temor que nos produce riéndonos de ella y enfrentamos el sentido de la muerte invitando a nuestros difuntos, consientes que será mañana cuando seamos nosotros los invitados a esta fiesta.

 

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