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Dignidad y amor para nuestros adultos mayores.

Por Lorena Guadalupe Hernández Pérez

En el mundo donde vivimos, cuando la velocidad con que se mueve la información aumenta día a día y la rapidez y eficiencia son consideradas como grandes virtudes, el adulto mayor se enfrenta no solo a ver disminuidas sus capacidades físicas  y finalizada su productividad económica, sino también a ser considerado, en mayor o menor medida, por parte de la sociedad como obsoleto, fuera de moda o incluso, en algunos casos, un estorbo.

Muchos de ellos, desafortunadamente, no cuentan con una manera sustentable de vivir y dependen en gran medida de los apoyos económicos de sus familias.  Otros, curiosamente, aun con su pequeña pensión, se ven obligados a compartir esa pensión con miembros más jóvenes y sanos de su familia a cambio de compañía y afecto.  Otros más, los menos, mantienen su nivel de vida, tanto en los aspectos económicos, como sociales y familiares.

Es cierto que en nuestra sociedad, muchos de los adultos mayores viven en casa de alguno de sus hijos o familiares cercanos.  Sin embargo, y a pesar de que los amamos y procuramos respetarlos, el trato que algunas veces les damos, no corresponde a la dignidad que merecen.  Parece que de pronto se nos olvidara que han sido ellos, los que han hecho de nosotros lo que somos y acabamos relegándolos a una habitación y a un trato que aunque cariñoso no es del todo respetuoso.  Dejamos de oír sus consejos, diciéndoles que eso ya no se usa.  Además de que, sin tomar en cuenta las necesidades especiales que tienen debido a su edad, nos desesperamos porque ya no son “lo suficientemente rápidos” para llevar una conversación y terminamos acortando nuestras charlas o sencillamente nos bloqueamos a escuchar lo que nos dicen restándoles importancia.

Quizá debiéramos detenernos un momento y apreciar el privilegio que la vida nos ha dado al tenerlos a nuestro lado y poder disfrutar de su consejo y compañía.  Además, seguramente si les brindamos algo de nuestro tiempo y atención aprenderemos mucho de quienes son.

Si tienes la bendición de tener cerca de ti a una persona mayor, sobre todo si se trata de tus padres, para ti algunos consejos prácticos que espero te sean de utilidad.

Aumenta tu tono y baja tu velocidad.  Aumenta un poco el tono de tu voz y habla pausadamente, esto facilitará la comprensión de tus palabras.  Evita gritar, si lo haces, el sonido se volverá confuso y probablemente cause molestias tanto en el oído como en la dignidad de quien te escucha.

Escucha con atención tantas veces como sea necesario.  Es cierto que algunas veces las personas mayores repiten la misma historia, procura no decirle “hay mamá eso ya me lo contaste …” quien sabe, quizá en la décima vez te des cuenta del valioso mensaje que encierra esa anécdota.

Estas dos sencillas acciones ayudarán en mucho a mejorar la calidad de la comunicación entre ustedes y hará que poco a poco el nivel y calidad de sus conversaciones aumente.

Otro aspecto importante a mencionar, es el cuidado y atención que necesitan.    Es importante entonces, se doten de los medios necesarios para cuidar de su integridad física.

Quita los tapetes. Estos generalmente originan gran cantidad de las caídas que sufren los ancianos.  Sus bordes, algunas veces desgastados o doblados,  no pueden ser superados por la pisada del adulto mayor.

Vigila su alimentación y cocina sabroso.   Una buena alimentación, en esta edad como en todas las etapas de la vida es importante.  Está al pendiente de su peso.  Si empieza a perder peso, es probable que haya dejado de comer y no te hayas dado cuenta.

Ayuda a que se mantenga activo física y mentalmente.  Estimula a que lleve una vida activa.  Existen clubs de personas mayores en que puede inscribirse y seguir desarrollándose en los aspectos sociales, físicos y de aprendizaje.  Si esto no le resulta agradable, su familia y amigos también son buenos medios para esta actividad.  Si vive en tu casa, es bueno que tenga algún tipo de responsabilidad que le haga sentirse útil e importante.

Comparte su cuidado.  Si ya está muy delicado y requiere de atención constante, comparte su cuidado con el resto de su familia, especialmente con sus hijos.  Cada quien puede aportar tiempo, dinero o ambos para ayudar a cuidarle.  Compartir esta responsabilidad hará que en lugar de ser una carga su cuidado, se convierta en un privilegio y motivo de satisfacción personal.

Por último, Amalo mucho, amalo siempre.

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