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tristeza

El dolor dentro de una funeraria

Por: Lorena Guadalupe Hernández Pérez

Comentarios sobre el artículo: aftercare@funeraleshernandez.com

 Twitter: @LoreGuadalupe

El trabajar en una funeraria me ha permitido ver de cerca el dolor de cientos, o más bien miles de personas que llegan hasta nuestras puertas solicitando un funeral.

He visto sufrir a hijos, hermanos, esposos y padres ante la pérdida de ese ser amado que se ha ido dejando un vacío en sus vidas.  Les he visto sufrir y les he acompañado con los medios que he tenido a mi alcance.

A pesar de que en la mayoría de los casos procuro mantenerme al margen de este dolor, para poder servir mejor a las familias que atendemos, ha habido casos que me han consternado y me han llevado al punto de las lágrimas.  Alguna vez, porque su duelo era similar al que yo atravesaba en ese momento, otras más, porque de alguna manera me conecte con las personas que se quedaban.

Recuerdo en particular el caso de una mujer de 35 años que falleció dejando a cuatro pequeños y a su esposo.  Cuatro pequeños, pensé y el corazón se me hizo pedacitos.   Ella se había ido después de luchar en vano contra el cáncer.  Cuando la vi en el ataúd, revisando que todo estuviera perfecto en la sala de velación para cuando llegara su familia, recuerdo haber deseado poderle asegurar que sus hijos estarían bien, que alguien cuidaría de ellos.  Pero sin conocer a su familia, más que como clientes, todo lo que pude hacer fue asegurarme que el funeral fuera una digna despedida para ella y sobre todo para quienes lloraban por su pérdida.

Siempre recomiendo a todo el personal de la funeraria que no hagan lo que yo hice en esa ocasión y se mantengan lejos del dolor que presenciamos, algunas veces esto resulta imposible. Pero, si nos permitiéramos sentir tan solo un poco del dolor de cada persona que atendemos, seguramente ya estaríamos enfermos o del cuerpo o del alma.   Además que la calidad de nuestro trabajo decrecería considerablemente por no poder pensar con claridad debido al dolor experimentado.

Hay quienes juzgan con dureza una profesión como la nuestra, o como la del médico o la enfermera que atienden a pacientes terminales.  Dicen que somos fríos o insensibles, que tanto dolor ha hecho que ya no sintamos nada y que seguramente ya no somos capaces de llorar.  Nada más lejos de la verdad.

Sentimos como todos y lloramos la pérdida de los nuestros como todos.

Es tan solo que tenemos que ser capaces de dejar dentro de la funeraria ese dolor que vemos día a día y llegar a casa con una sonrisa, satisfechos del trabajo realizado y del deber cumplido.

Quizá lo que si cambia en nosotros al ver tanto dolor y tanta despedida es el sentido de la vida y del hoy.  El convivir tan de cerca con la muerte hace que te des cuenta de lo frágil que es la vida.  Sabes que solo tienes seguro este momento, porque quizá mañana o incluso en una hora ya no estés.  Es entonces que aprendes a disfrutar más de los tuyos, a perdonar más fácil y a decir más veces te amo.  Es entonces que aprendes  a reírte con más ganas y a reírte de ti mismo.  Es entonces que aprendes a planear menos y a ejecutar más.  Es entonces pues, que aprendes a Celebrar la Vida.

Ojalá que tu no tengas que vivir de cerca el dolor para que aprendas a Vivir.

1 Comentario

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  • Teresa

    Lore muy buen artículo, gracias por compartirlo. Y cierto, debemos vivir el tiempo plenamente, a veces nos desgastamos en minimineces y dejamos un lado lo que realmente importa.
    Teresa Vázquez

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