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SONRIENDO ANTE TU RECUERDO

Por Lorena Guadalupe Hernández Pérez

 

aftercare@funeraleshernandez.com

 

Hoy al pensar en ti sonreí y una lágrima recorrió mi rostro. 

Fuiste una bella luz que iluminó mi vida

Y aunque te has marchado ya

El espacio que dejaste, esta tan lleno de amor

Que aún siento tu luz

 

Algunas veces cuando pienso en mi hermana Alba, que falleció hace ya cerca de 15 años, se me antoja contarle lo que durante este tiempo ha pasado.  Decirle de los sobrinos nuevos que tenemos, hablarle de la familia y de los negocios que hemos emprendido y, claro está, contarle las historias que me ocurren en mi paso por la vida.  Era mi mejor confidente, una gran escucha y la más dura consejera que pudiera uno encontrar.  Fue maravilloso tenerla en mi vida.

 

Cuando alguien a quien amamos muere, a pesar de haber superado el duelo, esta sensación de querer compartir algún hecho, ya sea triste o alegre con esa persona que ha sido significativa en nuestra vida es normal y no debe confundirse con un duelo patológico o retardado.

 

En especial en las fechas importantes, como lo son los cumpleaños o algún aniversario compartido, en la Navidad y el Fin de Año y por supuesto en fechas como el día de muertos o el aniversario de la muerte, es natural que sintamos una mezcla de alegría y tristeza al recordarles.  En los espacios en donde se vivió algo con ellos, o ante una canción que les gustaba, es normal que el corazón les evoque y extrañe.  El amor de un ser querido no se apaga con su muerte.  Se aprende a amar de manera diferente y a vivir también de manera diferente ante su ausencia.

 

Si bien es cierto que durante el periodo de duelo el dolor provocado por la pérdida resulta casi insoportable y los recuerdos parecieran causar más dolor que consuelo, al pasar del tiempo, cuando el corazón se encuentra restablecido y hemos conseguido sobreponernos e iniciar a vivir nuevamente, no debemos temer a recordar.  Incluso si los recuerdos provocan un poco de llanto o tristeza.  Es bueno dar este homenaje a su vida y permitirnos evocar su amor en nuestro corazón y pensamientos.

 

Nuestra cultura tiene la tradición de visitar a sus muertos en los panteones y mausoleos, de llevar flores y hablar frente a las tumba.  Tradición que se antoja sana pues nos permite encausar de forma positiva este tipo de sensación que aparece de cuando en cuando.  Nos da permiso  de hablar con quién perdimos, de compartir con ellos y de dedicarles algo más que un pensamiento sin que la gente pueda sospechar de un caso de locura.

 

Recuerdo unos versos de una canción de Martín Valverde que durante la misa del día de muertos escuche,

 

No se han ido del todo, si nos han dejado una luz, 
si su esfuerzo da frutos aún,
no se han ido del todo.
No se han ido del todo, si al pensarlos nos hacen vivir,
si una meta nos hacen seguir, no se han ido del todo.

 

 

Es bueno que de cuando en cuando recordemos a aquellas personas que hemos perdido, es bueno que sintamos la necesidad de contarles lo que nos pasa y sobre todo, es bueno si su recuerdo nos impulsa a ser mejores personas, a cumplir metas y a ser felices.

 

Atrevámonos pues a recordarles y a sonreír ante su recuerdo, si esa sonrisa se mezcla con una lagrima, bendita sea esa lágrima que es tan solo símbolo del amor que les tenemos.

 

 

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