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LOS SISMOS INTERNOS

La tanatología nos hace conscientes de que la vida es dinámica, es movimiento, nada queda totalmente estático, nada es igual por siempre, todo cambia, se transforma, evoluciona…
El movimiento telúrico de del 19 de septiembre nos hace recordar este movimiento constante que tiene la vida.
En todo movimiento hay cambio, nada queda exactamente igual a antes del movimiento o la sacudida, en todo cambio hay pérdidas y hay ganancias.
En los sismos muchas veces hay gran destrucción, pero a raíz de dicha destrucción surge la reconstrucción, las pérdidas por eventos naturales son múltiples, muy dolorosas, pero nos ofrece las oportunidad de resurgir, reconstruirnos, de deshechar lo que no fue suficientemente sólido como para mantenerse de pie dentro de nosotros.
Las sacudidas nos permiten que salga el polvo, lo que no está siendo útil en nuestro interior, los terremotos internos nos mueven todo hasta el centro de nuestra esencia, y nos permite buscar dentro de los escombros lo que realmente ha quedado de pie, lo que verdaderamente tiene valor para nosotros, lo que no se derrumba, lo que nos sostiene en la vida.
Los movimientos oscilatorios y trepidatorios nos invitan a reflexionar en todo aquello que está de más en nuestra vida, y en lo que es cimiento sólido, o nos falta y al final generalmente concluimos que lo que nos sostiene en la vida es el amor, que es lo que no se destruye, es el amor auténtico y consciente, es el amor a nosotros mismos, a lo que hacemos, a nuestros prójimos (padres, pareja, hijos, nietos, hermanos, abuelos, sobrinos, tíos, primos, etc, y amigos) y este amor no se puede destruir, se puede transformar pero no se extingue. puede crecer o decrecer, pero el amor es una llama que siempre se encuentra encendida dentro de nosotros, aunque haya momentos en los que se quede simplemente como débil flamita en piloto.

Hay diferentes crisis en la vida que nos generan sismos internos, como un divorcio, un despido laboral, una enfermedad, la muerte de un ser amado, la pérdida económica, la partida de los hijos, la violencia y las agresiones, etc., pero en todos estos casos, el duelo se resuelve en base al manejo de nuestra emocionalidad, es decir, a la manera en la que contactamos la emoción que se nos genera y la realidad que acontece en ese momento.

Los sismos nos invitan al análisis y a la reflexión, ¿Qué es cimiento sólido hoy en mi vida, y qué es escombro que debo tirar? ¿ Hay personas, proyectos, valores, sepultados bajo los escombros de mi acelerada cotidianidad que debo rescatar? La vida es breve, los sismos nos lo recuerdan y nos invitan a hacer limpieza exhaustiva, a recuperar lo valioso e importante y a enfocarnos en lograr una vida en plenitud, amor y libertad. A rescatar con valentía lo que realmente da valía y sostén a nuestra vida para no perder el rumbo y quedar paralizada y sin vida.
Yo estoy viva/o soy vida y movimiento; asumo lo que es mío y lo resuelvo; y permito que el amor me acompañe y fortalezca. Yo puedo porque yo soy.

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